Las 99 vidas de Mirtha Legrand, la diva que nació para ser eterna
Este 23 de febrero la artista nacida en Villa Cañás celebra su casi centenario. Un recorrido por su construcción artística y su rol de poder como reina de la TV argentina.

Nacida hace más de 36 mil días, Rosa María desafía a la ciencia y pone a la Argentina en el mapa mundial de la longevidad ligada al trabajo ininterrumpido desde la adolescencia. Sostiene con una entereza sobrenatural aquel viejo chiste de su amigo Carlos Rottemberg: "Pensemos: ¿Qué país queremos dejarle a Mirtha Legrand?".
Llegó al mundo hace 1188 meses -un 23 de febrero de 1927-, atravesó más de 800 mil horas de vida, más de 30 gobiernos -incluyendo de facto e interinatos- y 22 Mundiales de fútbol. Sus 99 pueden medirse en detalles como películas protagonizadas (34), años de almuerzos televisados (y cenas), 58, o en Martín Fierro ganados (27), pero también en metamorfosis, adaptación, evolución.
Es actriz, es conductora, es Doctora Honoris Causa -reconocimiento otorgado por la UBA-, es influencer, pero también es un animal político. Aprendió que el poder no solo se disputa en el Congreso o en las urnas, sino que se ostenta desde un living de televisión.
A 80 años del primer anuncio de su retiro para dedicarse exclusivamente "a las tareas del hogar", tal documenta la revista Cine argentino, Rosa María Juana Martínez Suárez celebra 86 años laborables sin grandes pausas desde aquel debut en pantalla grande junto a su gemela en Hay que educar a Niní (1940).
Desde hace más de medio siglo un país mira a esa mujer sentada frente a un plato que ella apenas prueba. Mirtha ama que la observen y ama su reflejo en el espejo, dirige la conversación, la monopoliza, interrumpe, marca agenda, obtiene titulares. Su mérito es la permanencia, aparecer, sostener su propia marquesina en dos siglos. No pide permiso para preguntar, prefiere pedir perdón a esperar a que la autoricen.
Esa niña de Villa Cañás a la que el representante Ricardo Cerebello llamó artísticamente Rosita Luque terminó siendo Mirtha Legrand 15 días después y nunca más abandonó a su alter ego. No se inició sola en el cine, irrumpió junto a su gemela María Aurelia Paula Martínez Suárez, conocida como Silvia "Goldy" Legrand. Primero fueron extras en Hay que educar a Niní, con Niní Marshall, luego en Novios para las muchachas, el brevísimo paso previo a una fama nacional.
No se cansa de contar Mirtha sobre aquel mundo extinguido de los cuarenta, cuando fue Reina del Corso de la Avenida de Mayo y el mismísimo presidente de la Nación Roberto M. Ortiz se encargó de coronarla entre carrozas.
El año del despegue fue 1941. Protagonizó Los martes orquídeas, de Francisco Mugica, y entonces fundó el mito: entre las leyendas de ese debut, suele detallar que esa estrella incipiente llegó a la avant premiere del cine Broadway en tranvía y se fue en un Cadillac lustradísimo. Precursora, la rubia brilló tanto en ese clásico de la era dorada de nuestro cine, que Hollywood se hizo eco y los productores internacionales decidieron una remake, Bailando nace el amor, con Rita Hayworth.
El aura especial de ese entonces sobrevive en objetos de museo que se venden en la web: su rostro angelical inunda tapas coloreadas a mano de Radiolandia y Antena y sus facciones sin phothosop deslumbran en publicidades de jabón Lux...
Mirtha es más que nuestra Hayworth y no resiste un archivo, lo trasciende, lo supera, es el ejemplo de vida en constante mutación. Vive en un mundo de bots, de IA, de una realidad que en su niñez no sonaba probable ni para la ciencia ficción y, sin embargo, se aferra al futuro, lo inventa, lo proyecta sin detenerse en el dolor de todo lo que perdió.
Sus preguntas incómodas, su libertad para dejar de lado el protocolo, su voluntad de "estudio" para agasajar a sus invitados, su curiosidad latente la construyen como la gran reina de la televisión argentina. Irrepetible.
Ese cuerpo que no se cansa tiene asistencia perfecta a estrenos y galas solidarias, se siente en el compromiso de apoyar a su "raza", los artistas. Su verdadera militancia es la continuidad. La obstinación por vivir y por exprimir la vida.
Con ustedes, los mosaicos de una biografía asombrosa.

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